Viernes, 27 Mayo 2022

“SALTAR DE LA SARTÉN...

“SALTAR DE LA SARTÉN... Imagen 1

 

 

...para caer en las brasas”. Es lo que dice el viejo refrán y es con lo que se ha encontrado la sufrida hostelería, que una vez más comprueba en sus propias carnes que esta pesadilla lejos de acabarse no tiene visos de acercarse ni siquiera a un simple despertar, por cortito que éste sea. 

Las restricciones van cayendo y todos somos conscientes de que a la mascarilla en interiores le quedan dos telediarios y de que a partir de ahora esto va a haber que gestionarlo como una gripe hasta que nos acostumbremos a vivir con ello y torearlo de la mejor manera posible. Pero, ¿quiere eso decir que las cosas van a volver a la normalidad? Todo parece indicar que no. Los hábitos han cambiado y el ciudadano de a pie se ha acostumbrado a retirarse pronto a casa, principalmente entre semana y a salir menos en general. Las cenas, que ya escaseaban antes de la irrupción del virus son ya tan solo un recuerdo y los restaurantes, sidrerías, bares de pintxos y copas... están adecuando su oferta, su personal y sus horarios a las nuevas costumbres. 

Y la gente está trabajando, sí, de acuerdo. ¿Pero cómo? Con menos personal y cada vez menos cualificado y menos implicado, con menos dinero en el banco (eso quienes han podido quedarse con parte de sus ahorros) y con una carga crediticia que ni en tiempos de bonanza habría sido fácil de sotener, metiendo más horas y soportando más preocupaciones además de lidiando con una clientela que en muchos casos no es capaz de relizar un simple ejercicio empático y comprender que muchos bares y restaurantes no pueden ofrecer el servicio que ofrecían antes de la pandemia.

Y cuando poco a poco parece que al menos los bares y los negocios van alcanzando una rutina, llegan las subidas desbocadas y desorbitantes de la energía eléctrica, haciendo que algunos establecimientos dupliquen el ya de por sí caro recibo de la luz, más la escasez de suministros que ha llevado a situaciones que ni Valle-Inclán hubiera imaginado en sus más disparatados esperpentos como el problema de abastecimiento de aceite de girasol, su encarecimiento y todos los problemas que ello está ocasionando... 

Es como si algún dios con un sentido del humor excesivamente macabro la hubiera tomado con este sector para usarlo como su “punching-ball” (“saco de las hostias” en lenguaje coloquial)... atentos y atentas porque por algún sitio llegará la próxima, no lo duden...

 

 

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ESTUPIDO CONCIENZUDO


JOSEMA AZPEITIA
Coordinador de Ondojan.com