Jueves, 06 Octubre 2022

VIVIR DEL TURISTA

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En octubre saltó la polémica. Varios bares de la Parte Vieja fueron pillados en renuncio, cobrando más a los turistas que al público local por las mismas consumiciones, y los tickets que demostraban la vergonzosa práctica fueron expuestos al escarnio público mostrando de manera oficial algo que el común de los mortales conocía de primera mano hace mucho tiempo. 

Y es que uno de los protagonistas del escándalo, el bar Nagusia Lau, fue condenado formalmente hace ya unos años por realizar una triple contabilidad en su caja registradora. No es que cobrara más o menos al extranjero y al local, es que tenía tres niveles de cobro institucionalizados en su caja registradora: uno aplicado al local con pinta de vasco, otro aplicado al local con pinta de catalán, madrileño, etc... y uno tercero aplicado al evidentemente extranjero. Tuvo que pagar por ello una generosa multa, pero de nuevo ha sido atrapado reincidiendo en el delito, lo que hace pensar que a estos locales dirigidos por grupos inversores les sale más a cuento seguir con el fraude y pagar de vez en cuando por ello que dejar de realizarlo. Después de pagar cantidades que a veces alcanzan o pasan de los tres millones por hacerse con un local, de alguna manera lo tienen que amortizar y algunos lo hacen, directa e indisimuladamente, apostando casi únicamente por el público turista y, además, cobrándole más por su pintxo o su zurito.

Unido a esto, conviene que estemos alerta: El grupo al que pertenecen Nagusia Lau y Beti Jai, dos de los denunciados por cobrar de más a los turistas, es el mismo grupo que ha adquirido el edificio que alberga al bar La Cueva, cuyos actuales inquilinos se verán obligados a dejar el bar que con tanto esfuerzo han sacado adelante durante cerca de medio siglo antes de finales de enero. Además de lo inmoral de esa actuación que, eso sí, se ha hecho acorde a la legalidad, quisiéramos hacer hincapié en que el edificio que alberga dicho bar es la única fachada medieval de Donosti, el único edificio que se salvó de la quema de 1813. Es de desear que los nuevos propietarios respeten semejante monumento y su fachada. Pero viendo que se trata de un grupo que tiene la desvergüenza de reincidir en sus prácticas económicas fraudulentas a pesar de que hace varios años fue denunciado públicamente, nos entra auténtico pánico al pensar lo que pueden hacer cuando dicha joya arquitectónica caiga en sus manos. Los poderes públicos y las asociaciones de defensa del patrimonio deberían estar más atentas que nunca ante las posibles acciones “rehabilitadoras” que vaya a llevar acabo el nuevo propietario de la casa en cuestión.

 

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ESTUPIDO CONCIENZUDO


JOSEMA AZPEITIA
Coordinador de Ondojan.com