Lunes, 28 Septiembre 2020

LA NACIÓN DE LAS PLANTAS

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El autor del libro asume que el mundo vegetal comprende la llave de nuestro futuro y establece la “Declaración de los Derechos de las Plantas” en ocho puntos básicos.

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acía mucho que no leía un libro tan interesante. Ante la insistencia para que lo hiciera, de nuestro gran amigo y célebre personaje Mikel Camino, no tuve otra que ponerme a la labor y dedicar unas horas a su lectura. Vamos, que prácticamente me obligó a hacerlo, en el pequeño apartamento que habíamos alquilado en el Barrio Alto de Sanlúcar: “chaval, tú de aquí no te mueves hasta, al menos, ojear esto”. Reconozco que, en aquel momento, hubiera preferido salir a tomar unas manzanillas junto a Mikel e Iñaki a Los Aparceros, La Herrería o el Navarro, lugares sanluqueños 100%, pero ahora me siento francamente agradecido.

Resulta que su autor, Stefano Mancuso, es una de las máximas autoridades mundiales en el campo de la neurobiología vegetal. Habéis leído bien: neurobiología vegetal. Ha publicado varios libros, todos ellos relacionados con la parte más profunda y complicada de explicar del mundo de las plantas: su inteligencia, alma y sensibilidad. Apasionante.

En La Nación de las Plantas, nombre del libro en cuestión, nos introduce en el tema con este pequeño párrafo: “En nombre de mi relación durante décadas con las plantas, imaginé que estos queridos compañeros de viaje, como madres cariñosas, después de hacer posible la vida sobre la tierra, se disponen a ayudarnos al comprobar nuestra incapacidad para garantizarnos nuestra supervivencia. ¿Cómo? Sugiriendo una constitución real sobre la cual constituir nuestro futuro de seres respetuosos con la tierra y el resto de seres vivos. La constitución consta de una serie de pilares fundamentales en los que se basa la vida de las plantas y, por lo tanto, la vida de todos los seres vivos”.

Pues sí, puede parecer un texto más, en el que dice mucho y no dice nada, pero lo mejor viene cuando te adentras en sus páginas. Datos científicos que, vistos desde un prisma diferente pero sencillo, te hacen reflexionar acerca del paso del ser humano por la Tierra. A pesar de las grandes posibilidades de que existan civilizaciones, al menos tan evolucionadas como la nuestra, en los miles de millones de galaxias del universo, hemos de ser conscientes que nuestro hábitat es nuestro planeta y que difícilmente podremos desarrollar nuestra civilización fuera de ella. Así que, si no queremos desaparecer, fruto de nuestro afán egoísta de un mal llamado progreso, deberemos de cambiar radicalmente nuestra ideología y vivir de una manera diferente. 

El autor asume que el mundo vegetal comprende la llave de nuestro futuro y establece la “Declaración de los Derechos de las Plantas” en ocho puntos que considera básicos:

DANI 2020 08 29 at 10.11.32Artículo 1: La Tierra es la casa común de la vida. Su soberanía pertenece a todos los seres vivos.

Artículo 2: La Nación de las Plantas reconoce y garantiza los derechos inviolables de las comunidades naturales en cuanto sociedades basadas en las relaciones mutuas entre los organismos que las conforman.

Artículo 3: La Nación de las Plantas no reconoce jerarquías animales basadas en la centralización del mando y la concentración de funciones, sino que favorece las democracias vegetales difusas y descentralizadas.

Artículo 4: La Nación de las Plantas respeta por igual los derechos de los seres vivos actuales y futuros.

Artículo 5: La Nación de las Plantas garantiza el derecho al agua, a la tierra y a la atmósfera limpias.

Artículo 6: El consumo de cualquier recurso no renovable queda vetado.

Artículo 7: La Nación de las Plantas no conoce fronteras. Todo ser vivo es libre de circular, desplazarse y vivir en ella sin limitación alguna.

Artículo 8: La Nación de las Plantas reconoce y promueve el mutuo apoyo entre las comunidades naturales de seres vivos como instrumento de convivencia y de progreso.

Quizás pueda pareceros palabrería, pero cada uno de estos puntos se desarrolla de manera magistral en el libro. Una lectura apasionante que no te deja levantar la mirada hasta haberlo devorado.

En estos complicados y convulsos momentos que nos ha tocado vivir, cada uno de estos puntos cobra una importancia mayor aún. O nos ponemos las pilas o estamos condenados a la desaparición de la especie.

Pero, ¿qué podemos hacer cada uno de nosotros por variar el rumbo? En relación al mundo del vino, uno de los aspectos clave consiste en fomentar el consumo de vinos de pequeños productores, ecológicos, biodinámicos, naturales o, al menos, con la mínima intervención posible para que resulten mucho más sostenibles. Son precisamente los vinos que se muestran más auténticos, con mayor personalidad y que, además, sientan mucho mejor que los convencionales. Mejoran la armonía con los alimentos, su digestión y asimilación en el cuerpo; generalmente suelen ser más ligeros e incluso con menor grado alcohólico; no nos dejan “pesadez”, “tontera” ni dolor de cabeza al día siguiente. Al ser cultivos donde no se emplean productos químicos, la riqueza de microorganismos en el suelo está garantizada. Las plantas se encuentran mucho más sanas y viven mucho más “felices”, la biodiversidad en el viñedo es muy superior a la de los viñedos convencionales, con niveles mucho más elevados de flora y fauna en armonía con el cultivo de la vid.

Manos a la obra.

 

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